...ya se sabe, querido lector, pueden ocurrir las cosas más descascaradas e inciertas: que la miseria siéntase a la mesa para tremendos atracones (véase SHCP agora Banco de México); que la estupidez de cuando en cuando puede ganarnos la partida (véase Los Pinos y también Los Pinos); que la muerte en ocasiones distráese la méndiga y acaba llevándose a los menos indicados (véase Haití, Cd. Juárez, los cientos y hasta miles de periodistas asesinados, véase el hambre y la guerra); que naidien sabe para quién trabaja a menos claro que se cuente entre los millones de desempleados generados por un tropiezo más de los especuleros pero mejor así la cosa pues no nos toman el pelo... eeeen fin, que en este perro bendito al que llamamos mundo y que no es otra cosa que la cáscara vieja y apolillada de un galeón que da vueltas sobre sí mismo y presumen que alrededor del sol aunque a mí no me consta, podemos ver la retorcida cara de la naturaleza humana... y quiera la suerte que esto no se repita en otros puntos del infinito porque es taaaaan repugnante.
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Pero también pueden ocurrir, estimable contertulio, milagros desos que hacen que flores crezcan en las arrugas del cuore; que los árboles efectivamente hacen ruido cuando caen y hasta cuéntanse chistes aunque nadie haiga porái, mandando al diablo toda intención de antropocentrismo filosófico; que la poesía es matemática verbal pero vive en los escotes de las féminas y en sus sonrisas; que la música es un pajarraco demente que anida en pedales, tarolas, cuerdas y demás, dispuesta siempre a soltar su graznido; que nuestras manos son buenas para empuñar mini-uzis y anudar pescuezos a las vigas pero que prefieren empuñar bolígrafos y desatar los cordones de un vestido; que la gloria lejos ya está de las coronas laureadas y que se ha mudado a las estufas donde día a día se cuecen milagros a fuego lento... eeen fin, que este niño maldito al que llamamos orbe y que no es otra cosa que una gran coincidencia en la que vamos corriendo y co riendo, podemos ver la belleza contundente y rompemadres de la humana condición... y quiera la suerte que esto se repita en otros puntos del infinito porque es taaaan hermoso.
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Sin saber bien a bien los motivos por los que estos cachivaches mentales circúndanme la mollera, me encuentro, como diría el occiso Benedetti, jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también ya se sabe.
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Dice la flaca Moni, carnalaza de mi alma, que la locura viaja en tobogán; dice mi compatriota de alcoholes y melancólicos sueños clasemedieros, el famoso Ríos, que cuando todo pase, nosotros, no; dice mi padre que a la vida derecha la flecha y la madre mía que a huevo ni los zapatos; díceme mi mismo que a qué tanta palabrería si bien sabes lo que quieres decir y dice Serrat que uno de su calle le ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz... y dice Cortázar, siempre al punto y con un apercat de izquierda: ¿Por qué entregarnos a la Gran Costumbre?
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Y bueno, querido lector, namás pasaba por acuá para compartir esta jaula de grillos que revoloteándome andaba en la sesera. Y tambor es jueves de Bar Almohada, así que acá se los dejo sin tanta presentación por hoy, pero advirtiendo que al final lleva chanfle con canción dedicada para la mujer gorrión, a quien le mando, si asté me lo permite, caro amigo, un enorme abrazo de dimensiones punto menos que pantragruélicas y de intenciones punto más que calaveras... enjoy, camaradas...



