agosto 15, 2010

POCO COMúN

Porque en verdad lo es, querido lector, el lamentable hecho de caer víctima de algún bicharrajo microscópico que pone patas pa'rriba mi metabolismo. Poco común que su inseguro servilleta recurra a tres días y contando de incontables pañuelos, chochos cada cuantas horas y el tradicional fifti-fifti peñafiel con sidral para no caer deshidratado. Poco común un asalto de escalofríos bajo seis kilos de cobija y una montaña de copias haciendo cola junto al DVD. Ayer, por ejemplo y en crestas de la fiebre, pasé de Glass Spider (Bowie, 87, sigo pensando, a pesar de la fiebre que "China Girl" rifa) a Singin' in the rain (Kelly, 52, nunca volvería a cantarla igual según aseguró en su aparición dentro de The Muppet Show (Henson, 80), secundo la opinión) sin saber a ciencia cierta qué cosa me llevó de la primera a la segunda ni cómo de aquella pasé a McFerrin y sus Spontaneus Inventions.
Poco más de doce horas tumbado en el sofá, entreviendo la segunda temporada de Fraiser, navegando en un mar de papeles moquientos y esperando que alguien se apiade de mí, me traiga una sopa caliente, y deje de mirarme, por amor al cielo, con esa cara de fin-del-mundo, sólo porque hace tiempo que no me veía así. Odio estar enfermo, cosa que sólo me ocurre, en esta intensidad, cada dos o tres años. El dolor de cabeza, terrorífico, el cuerpo cortado, peor, ni qué decir de la irritación nasal (aún me sangra cuando me sueno) o la garganta ulcerada como eje vial... pero lo que realmente detesto de la enfermedad es no tener con quien refugiarla ahora... ¡Joder, se aceptan solicitudes! Enhorabuena, caro amigo, a usted que por hoy goza de buena salud, no se preocupe, ya le vendrá el tiempo del moqueo... y espero que le agarre acompañado...

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