Si lo que estoy haciendo vale la pena, sirve de algo, me hace feliz y un medianamente largo etcétera de cuestionamientos por el estilo. Explico: por la tarde me asomé a diversas bolsas de trabajo porque ya me anda llegando el agua a los aparejos y vivir sorteando los días con un castigado salario de ayudante de profesor en la UNAM, bueno, no es algo que pudiéramos llamar estable. De sobra decir que encontré pocas opciones, pero en fin, me dispuse a enviar mi Ridiculum para ver si es chicle y pega. Y en revisando el citado documento caí en la cuenta de que mi trayectoria laboral ha sido bastante irregular. Poco a poco fui renunciando a las líneas de desarrollo que en algún momento llamaron mi atención: el ámbito editorial, el de la producción audiovisual y el político. De los primeros me ahorraré comentarios por ahora, pues revisando una nota harto desagradable vino a mi cabeza todo aquello por lo que un buen día mandé al divino cohete mis intentonas de relacionarme con la esfera política. Hace unos años, y siendo un animoso estudiante de la Facultad de Polacas que venía de haber participado en el paro estudiantil de 1999-2000, rodaba en mi cabeza la ingenua idea de que para promover cambios había que conocer la estructura del poder y de que nada se perdía intentando entrar en ella. Me interesaba la democracia, el crecimiento de la participación ciudadana, todas esas vainas tan glamorosamente retorcidas por cualquier postura partidista. Entré como Instructor Electoral en el IEDF por ahí del 2003 y andaba bastante contento convenciendo a la gente de que su colaboración y empeño era importante y así me seguí hasta 2006, ese fatídico año en que el IFE dejó ver qué tan sucias eran sus mañas y cuan lamentable era que la democracia más cara del mundo tuviera su piedra angular en las negociaciones mediáticas.
Tiempo después, y gracias a una lista elaborada por el propio organismo, fui invitado a participar como operador y supervisor del proceso de reafiliación y elección de órganos directivos de un micropartido que, afortunadamente, perdió ya su registro. El partiducho por entonces llevaba el pedante nombre de Alternativa Socialdemócrata, nombre que tuvieran a bien reducir a simplemente Socialdemócrata, acertadísima decisión pues era todo menos una alternativa. Me tocó cubrir Ciudad Obregón, Sonora, tierra de donde es oriunda Patricia Mercado, quien durante ese proceso fuera destronada del partido gracias a una serie de jugarretas punto menos que macabras. También me tocó cubrir Chilpancingo y parte del D.F.
Como miembro de la CNAEOD (Comisión Nacional Autónoma para la Elección de Órganos de Dirección) debía sujetarme a principios éticos básicos de todo proceso electoral, es decir, verificar que no se cometiera ningú atropello que pusiera en duda la validez del dicho proceso. Asco es una palabra bastante chata para describir lo que esta experiencia generó en mí: padrones cruzados (el entonces PAS compartía militantes con el PRD), intervención velada de ambos bandos (el de Mercado y el de Alberto Begné) en la supuestamente autónoma comisión, ofrecimientos monetarios para la gente que estábamos ahí o promesas de trabajo en el partido, instalación de grupos de choque en los centros de afiliación y elección, entre otras delicias derivadas del sectarismo, se volvieron el pan de cada día.
En fin, nada que nadie sepa pero que igual jode a la conciencia. En lo personal, creo que lo que más me sacó de mis casillas fue la experiencia en Ciudad Obregón. Recuerdo que cuando tomamos nuestro hilarante curso de capacitación nos machacaron el discurso de crear un "partido de cuadros, integrado por personas preparadas y con visión política". La apuesta era por el sector universitario... bla bla bla. Al visitar aquella ciudad, donde Patricia Mercado goza de una medianamente aceptable reputación, creímos que encontraríamos gente cuando menos consciente de a qué partido le estaban apostando, ya no digamos cuadros bien convencidos. Oh decepción: uno tras otro vimos desfilar a los "Comités de Acción Política" integrados por ancianos de comunidades engañadas, yaquis y mayos que con dificultad podían entender el español y que no tenían ni la más peregrina idea de qué hacían ahí. Ya se sabe: promesas y despensas.
No eran todos, claro, habían también los que estaban esperanzados y comprometidos a poner de su parte. Ni hablar de la decepción que se habrán llevado. Encerrado en las oficinas del partido y archivando expedientes llamó mi atención encontrar entre los afiliados a varios profesores de la Facultad. Ni qué decir, a veces se apuesta por el caballo con la pata renga. Detalles más, muchos más, pero que no comento por salud mental, esta experiencia me hizo poner punto final a mis intenciones de explorar la política. No tengo estómago para una cuarta desilusión: CGH, IFE, PAS, con eso me basta...
Ahora estoy sin plata. Soy ayudante de profesor en mi querida Facultad, tengo un espacio para difundir la única cura real que he encontrado: la música, pedaleamos contracorriente con imaginarios propios, llámense el Bar Almohada y la Revista Tangente, proyectos que no nos han dejado un centavo pero que nos permiten intentar algo positivo. Y en ocasiones me pregunto qué tan cierto es lo que escribió Gerardo Salcedo hace unas semanas: "A veces aspiramos a que nuestros sueños sean colectivos y es en esa pretenciosa actitud donde las alternativas se vuelven concretas" ¿Será? ¿Usted que opina, querido lector?
1 Carnavales pasaron por acuá:
Y creo que es válido preguntarse y mucho más responderse que lo que queríamos era tratar de cambiar las cosas. Al igual que tú mi querido Almohada, mi currículum está lleno de altibajos: un poco de aquí, un poco de allá... Queriendo hacer carrera en la política, salí literamente corriendo para tratar de no volver a tratar con políticos sin argumentos, sin convicción, pero eso sí, con mucha ambición. Eso les valió para dejar a un lado su dignidad y vestirse de mentira. Para mi no fue suficiente y corrí...
Creo que lo que haces es muy loable, no da pa' comer, pero te alimenta el espíritu... ya verás mi querido Almohada, que la vida te recompensará con creces. No claudiques!!!
Un beso!!!
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