viernes, 2 de septiembre de 2016

Un fantasma, ciertamente


Buenas...

El fulano que en foto acaban de mirar se llamó Francisco Peláez Vega y alguna vez fue portero del Asturias, cuando joven. Nació en 1911 y emigró de esta vida 66 años después, allá por Madrid. En el inter, no el de Milan ofcors, y mucho después de ser portero, Peláez Vega puso en la congeladora sus apellidos, firmando durante un buen rato bajo el pseudónimo que le llamaba como se llamaba pero le apellidaba Tario. Francisco Tario.
Hasta hace bien poco, querido lector, nada sabía su servilleta sobre este singular personaje. Fui a encontrarme con él en medio del segundo volumen de Ciudad Fantasma, la antología de cuentos fantásticos del DFctuoso que se dieron a la tarea de armar Vicente Quirarte y Bernardo Esquinca. Ahí estaba su nombre, firmando un cuento de título extravagante: "Ragú de ternera". ¿Ragú de ternera? Ansina mismo...

"Ragú de ternera" resultó ser uno de esos relatos que nadie ha definido ni definirá como "aroma de cloaca": es decir, sumamente desagradables pero que resulta imposible dejar de oler. Qué tipo más infame, qué pluma más chingona. Releí el cuento unas tres veces y luego probé leerlo a mis alumnos -con absoluta reprobación de su parte-, namás que para valorar la reacción de alguien menos cínico que su servi.

Tras aquel primer encuentro, apenas unos seis o siete días después, encontrábase su valedor deambulando por los pasillos de la librería del FCE de Universidad. No tenía mucha idea de qué comprar y tampoco mucho dinero. O sea que era aquello un clásico paseo de "aquí nomás pendejeando". Y, claro, me encontré un libro de Tario. Me sorprendió mucho encontrarlo, me sorprendió más que fuera una antología prologada por Samperio y todavía más que estuviera auspiciada por Lectorum, esa piojosa editorial que con tantas erratas nos salpica. La antología pueden encontrarla como La semana escarlata y otros cuentos. 

En fin que llevó ya una buena tercia de semanas paladeando -mientras las erratas lo permiten- la dicha antología. Me puse a investigar un poco sobre su autor y resulta que fue el clásico caso de pluma ninguneada por no subirse al tren de la intelectualidad. Y es que Tario publicó su primer compendio de cuentos, La noche, en 1943, cuando las páginas de Taller y Tierra nueva se llenaban de pura, cruda y cochina realidad.

Tario no embonó en su tiempo. Tampoco lo hubiera hecho antes y aunque dice Juan Pablo Villalobos que dice el peor de los Domínguez que Tario es "de aquellos escritores que pudieron haber nacido ahora o hace cinco siglos y escribir en nuestra lengua o en cualquier otra", lo cierto es que sigue sin hacer demasiado clic. Con todo y que el FCE se haya rifado con sus Obras Completas.

Pero, ¿por qué no hace clic? Villalobos asume que por su humor al más puro estilo Baudelaire. Yo diría que, más bien, por lo retorcido, grotesco, inclemente, desfachatado y contemporáneo de ese humor. A pesar de que apenas voy adentrándome en el universo narrativo de este chipocludo, sospecho que Mario González Suárez tiene harta razón cuando dice que "si Francisco Tario no hubiera nacido en México hoy lo veríamos incluido en el canon de la literatura hispanoamericana”.

Dejemos a los expertos de las letras señalar injusticias de la élite letrada y desbrozar los aportes de Tario -si esto es de su interés, échele un ojo, caro amigo, al artículo de Antonio Cajero-. Yo me limitaré a compartirles que mi reciente encuentro con su obra me ha obsequiado una buena tanda de muecas y carcajadas secas. Veremos qué tal sigue este encuentro... ya les contaré...

Y bueno, para los que ya le conocían, les dejo acá dos rarezas: un cortometraje basado en su cuento "La noche del loco" y un audio de Francisco Tario al piano...


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